Comparar a los hijos… inevitable y nefasto!!!

Recibí el otro día una visita. Una madre preocupada por el desarrollo “normal” de sus hijos. Es decir, lo que le preocupaba era saber si sus hijos se estaban desarrollando de modo normal o no. Su preocupación: un video de uno de los compañeros del jardín, repasando las letras del alfabeto, o sea, avanzando hacia la escritura.

¡Niños de tres años escribiendo (a partir de la unión de puntos) las vocales!. Primero la tranquilicé; por un lado no me parecía nada extraordinario, los niños a esa edad son capaces de unir puntos para formar figuras, siguen básicamente las líneas, por lo que el seguir las formas de las vocales no me parecía nada tan fuera de lo normal. Segundo, no es objetivo que los niños salgan del jardín sabiendo escribir. Eso si que hay que tenerlo claro.

Conozco a sus hijos, son niños de 3 años que juegan, se ríen, tratan de conversar, dentro de sus posibilidades claro, pero que no me llama la atención la falta de alguna conducta “deseable”. Es decir, niños absolutamente normales, y con un desarrollo acorde a su posición en su familia (son mellizos únicos, es decir, son solo ellos y sus papás).

Me quedé pensando un rato, y llegué a dos grandes conclusiones, que quería compartir. La primera, olvidarse de comparar a los niños, si bien hay ciertos hitos que deberían ir lograndose a ciertas edades, nada es estático ni fijo, cada niño tiene su ritmo de desarrollo, por lo tanto compararlo con otro (sea su hermano, primo, vecino, amigo, etc) es NEFASTO!!! es casi como si nos compararamos a nosotras mismas. Piensen en cuantas personas conocen, en como llevan sus embarazos, como queda su cuerpo después, las arrugas, las ojerosas (me incluyo) las que siempre logran arreglarse y verse bien… es igual de dañino! Parece que al pensar en uno como mamá, como mujer o como amiga, es mucho más obvio que las comparaciones son odiosas, que siempre el pasto de al lado es más verde… pero cuando hablamos de nuestros niños… UF!! ahí si nos interesa que sabe y que no el de al lado. Hemos caído como sociedad en el exitismo. Todos queremos hijos perfectos (tal vez para ser madres perfectas). Pues bien, así como no hay madres perfectas, ya lo decía una importante psicoanalista (Melanie Klein) hay madres suficientemente buenas, tampoco existen los hijos perfectos. Hay algunos más fáciles que otros, si es cierto, pero hijos perfectos ni padres perfectos existen. Hay que superarlo. Quererlos como son, obviamente ayudarlos si tienen dificultades, alarmarnos incluso si creemos que su desarrollo va más atrás (acá el instinto materno no falla señores, si no, pues Google da buenas pistas cuando tenemos dudas), pero siempre a la luz de la flexibilidad, hay tiempos que respetar y que son diferentes.

Y lo otro que pensaba, aquí a lo mejor me gano enemigos, es que al final, no habría que estudiar ni estigmatizar tanto a los hijos únicos, ellos no son el tema, el tema somos los padres primerizos. Me puse a pensar en cómo era yo cuando tenía mi 1 hijo solamente, como era su sombra (por que quería y podía hacerlo) seguía todos sus pasos, le armaba todos sus juegos, después claro también me veía agobiada por su dependencia extrema. Miraba a mi hijo n5, pensaba en su hermano mayor a su edad… y en los distinto que eramos!! Él y yo!!! al final, la experiencia va ayudando, pero también hay que ir modelando en que es lo mejor para los niños, tampoco se trata de dejarlos solos siempre, pero si hay que darles espacio, tiempo, la posibilidad de crecer y de resolver problemas (todo de acuerdo a su edad). Claro que con el mayor es más dificil, es todo nuevo, y por lo tanto todo asusta, pero como alguien dijo una vez, los hijos son prestados… hay que prepararlos para la vida, para que sean buenas personas, tengan fe, puedan solucionar sus problemas, para que sean felices, leales, capaces de amar, responsables… en fin!!! se me ocurren tantas cosas antes de pensar si quiera en que quiero que mis hijos sean perfectos o exitosos. Ojo con lo que les trasmitimos, después nos asustamos por que tenemos niños sobre exigidos… todo parte en la casa.

A educar con amor! y con respeto a las diferencias! y por favor, con autonomía!

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otra oportunidad de enseñar

Hace unos días tuve un pequeño accidente doméstico, esas cosas que en verdad no son graves pero que por lo que implican terminan siendo de cuidado y tema obligado de conversación. Mi hijo menor se apretó un dedo con la puerta. Él puso sus deditos en el marco de la puerta (donde la puerta está afirmada a la muralla, donde van las bisagras) y otro de sus hermanos cerró la puerta. Fue casi crónicas de una muerte anunciada, no solo mil veces hemos repasado el concepto de no jugar con las puertas, si no que antes de que ocurriera el hecho ya se los había dicho varias veces, claramente sin resultados.

Niño llora, mamá corre a verlo y OH! Sangre, sangre, sangre… Estaba en el segundo piso de mi casa (bañando a los niños) dejé a uno en la ducha y bajé corriendo. Gracias a Dios mi marido acababa de cruzar la puerta, por lo que él evaluó la situación, lo vendó y partimos a emergencias. Nunca me ha tocado ir a emergencias con un niño en riesgo vital, y espero de verdad que nunca sea así, esos viajes son los más largos, interminables, con esa sensación de angustia/miedo que apenas te deja respirar. Después de una larga espera (estamos en época de peack de enfermedades respiratorias por acá,) por fin apareció un doctor. Su primera impresión: nada que hacer hasta sacar radiografía y ver si había fractura del dedo. Vuelta a esperaqr, radiografía y si, fractura, por lo que el diagnóstico pasaba a ser fractura expuesta, y el especialista a tratar el caso era otro. Vuelta a esperar, nos informan que tenemos que hospitalizarlo, pues la cirugía requiere de anestesia general. Esperar por lo menos 6 horas desde su última comida y a pabellón.

De nuevo, una situación que no era nada grave, pero que implicaba tantas cosas… en mi casa mis niños lloraban por su hermano. sentían miedo, pena, culpa… y yo no estaba ahi para contenerlos, es más ni siquiera podía llamarlos, pues para que el menor no se tocara la herida tenía que estar con él en brazos y afirmandolo.

Pabellón, esperar que haga efecto la anestesia (situación que creo que da para un post completo, es terrible!!) y a esperar. Esperar otra vez, pero ahora hay algo diferente, tu hijo no está esperando contigo en brazos, está (dormido) en una sala llena de desconocidos (para él y para tí) y no te queda nada más que rezar para que todo esté bien. No sé si seré yo, y mi exceso de horas de series de TV relacionadas con la medicina, pero los peores escenarios rondan sin que yo quiera por mi mente. Avisan que ya salió y que todo está bien. Puedo empezar a respirar con tranquilidad.

Ya tengo a mi bebé en brazos. Lo peor ya pasó. ya está todo bien. pero, y ¿el resto de mis hijos? ¿cómo aprovechamops de enseñar? y así elabroamos con ki maridp un discurso que creo (ESPERO) nos dio resultado.

1. Los accidentes pasan. No hay culpas, no importa quien fue el que cerró la puerta (podría haber sido cualquiera de los niños, da igual, uno tuvo la “mala suerte” de que le tocara), pero si hay conductas de riesgo que podemos evitar. No soy culpable por que yo no quería que mi hermano terminara en la clinica, operado con una fractura expuesta.

2. Si tengo  responsabilidad sobre lo que pasó, en el sentido de haber realizado una conducta irresponsable (jugar con las puertas) cuando sé que es algo que puede ocasionar un accidente (sería igual por ejemplo que jugar con fuego… generalmente los que inician incendios no era lo que buscaban, pero su conducta llevó a que estos se generaran.

3. Y acá tal vez nadie me entienda, pero se debe a una situación familiar particular, no importa quien fue, fue uno de los niños, sin individualizar, sin estigmatizar, de nuevo, el que fue no es culpable y no tiene por que recibir “sermones” o “sanciones” de personas que no son de nuestro núcleo familiar, es más, no tiene que dar explicaciones y es solo un niño que jugaba, jugaba mal si, pero jugaba.

4. El abrazo. Que abrazo. contener, a los pobres que se quedaron en la casa y que vivieron la angustia igual que uno. que se levantaron en la mañana para ir al colegio y se dieron cuenta que su hermano no estaba. Que lo tienen que ver con sus vendas, remedios y curaciones… Contener, para eso esta la familia al final. Lo demás pasará, y no queda más que esperar que no pase otra vez, y que de verdad hayamos logrado enseñar algo en esta pasada…

¿y ustedes? ¿Han tenido que enfrentar situaciones así? ¿Cómo lo han hecho?

ESTOY ABURRIDO, NO SÉ QUE HACER, enseñar a jugar. (y un DIY que nos puede ayudar)

tarro

El frío acá ya se instaló. Nos espera, creo yo, un largo invierno… Con todo lo que se demoró en llegar, seguro no se va a querer ir muy rápido.

Invierno significa tardes enteras encerrados. Más todavía ahora que falta un mes para que por estos lados empiecen las vacaciones de invierno, todo un desafío lograr mantener a los niños medianamente activos. Soy de la teoría, antigua tal vez, que a los niños no hay que estar entreteniendolos todo el día. No pasa nada si se aburren. Es más, aburrirse les hace bien. Es ahí cuando fomentamos el desarrollo de la creatividad. Y los ayudamos también a manejar la frustración.

Eso no significa que tenemos que dejarlos siempre aburrirse, o que no tenemos que enseñarles a jugar. También a veces necesitan de nuestra guía y compañía, y no por eso van a ser niños pocos felices o con poca capacidad creativa.

Lo más fácil es enseñarles a desarrollar juegos de rol, esos que se hacen disfrazándose (y ahí se nos va una buena parte del juego) y después inventando escenas o historias. Acá también son populares las pistas de autos, armadas con libros o restos de cajas de cartón, ya el preparar el juego demanda una cierta cantidad de tiempo, y de desarrollo de habilidades, que lo hace un juego en sí mismo. Lo mismo pasa acá con armar “clubes”, con varias frazadas, sábanas viejas, algunos cojines y mucha mucha imaginación, armamos casas (más bien carpas) que sirven para que se junten más escondidos. Para terminar, un “pic-nic”, sencillo, con algunas pequeñas cosas podemos tener una tarde entretenida, que además nos permite estar en el primer impulso del juego y después dejarlos a ellos seguir.

No se trata de estar todo el día desarrollando una actividad tras otra, es sólo que a veces necesitan un poco de guía y ayuda, además aprovechamos de pasar tiempo con ellos.

Cuando los días se hacen más largos, por el frío, niños enfermos, vacaciones, por lo menos en mi casa aumentan los “estoy aburrido, no sé que hacer” que por lo menos a mí terminan por enojarme… Para pasar este tipo de situaciones, hice un tarro “ESTOY ABURRIDO, NO SÉ QUE HACER”. Podría haberle puesto otro nombre, tal vez el Tarro de ideas, el tarro aburrido… pero bueno, eso fue lo que se me ocurrió en el momento. Tenía un tarro plástico trasparente guardado ( de esas cosas que uno guarda por si algún día sirven, me parece que venía con animales de plástico) y le pegué una etiqueta con su nombre. Lo llené de todas las cosas que se me ocurrieron (tanto de juegos como de algunas ayudas para la casa) y lo dejé en una mesa. La regla dice que, si vienes a decirme las palabras mágicas, “ESTOY ABURRIDO, NO SÉ QUE HACER” tiene que ir directo al tarro y sacar (al azar) uno de los papeles. La obligación ahí es realizar la actividad. La verdad acá ha servido, claro que con los grandes ha tenido que ser con supervisión (más de una vez me los encontré eligiendo el papel, para obviamente hacer lo que les pareciera más entretenido).

Algunas ideas de lo que usamos por acá, todas las actividades que implican un tiempo son por 20 minutos:

– Leer

-Tocar un instrumento

-Jugar wii

– ordenar juguetes

-Clasificar libros

-ordenar zapatos (no sé si les pasa, pero acá en el closet están todos tirados sin ninguna lógica, encontrar un par es equivalente a sacarse la lotería).

– Pintar

– Recoger hojas

– Jugar con un hermano chico.

– Hacer un picnic

– Jugar con bloques

– Ver fotos.

¿y ustedes? ¿dejan que sus niños se aburran?

Educar en las Emociones… Autodominio

autodominio
Cuando hablamos de educar en las emociones a lo que apuntamos es a que nuestro hijos sean capaces de reconocer (leer) sus propias emociones y las de los demás (conocido también como empatía). Para poder conocer las propias emociones es importante ayudarlos a desarrollar virtudes, es decir actitudes positivas, que por repetición se van transformando en hábitos.
Es importante desarrollar todas las virtudes (autodominio, trabajo, orden, responsabilidad, entre otras) pero la única manera de conseguirlas es logrando primero la que funciona como base de todo: el autodominio.
En la medida en que yo soy capaz de regular mis propias emociones, seré también capaz de ayudar a los demás en esta tarea. Ya nos iniciamos en este tema cuando hablamos de los mandalas (ver ACÁ) pero nunca está de más recordarlo. Somos los espejos en los que nuestros hijos se miran, si ven que nosotros, con esfuerzo y con mucho trabajo, podemos lograr regular nuestras emociones (levantarse temprano sin quejarse, aguantar las dificultades del día a día con alegría) también ellos reaccionarán así. Todos nos hemos visto alguna vez reflejados en las reacciones de nuestros hijos (generalmente las negativas son las que aprenden primero, no sé por qué! si alguien tiene una teoría, bienvenida sea ;)) entonces tenemos que estar atentos a como mostramos también nosotros lo que sentimos. Es la mejor forma de educarlos a ellos.
Y por supuesto reforzar también cuando ellos sean capaces de dominar sus emociones y reacciones (lo que no significa no demostrar sus sentimientos, todo lo contrario, es tener claro que es lo que están sintiendo de manera de poder encausarlo positivamente).

¡Seguimos con el desafío entonces!
¿Cómo lo hacen ustedes para trabajar este tema?

Educar en las emociones V: Esfuerzo

regalo

Regalo de uno de mis niños para el primer cumpleaños de mi hijo menor

Ahora que leo el título de esta entrada me parece hasta divertido, pero es verdad. Es necesario educar a nuestros hijos en la importancia del esfuerzo, del trabajo. Más allá de la ecuación, tan estudiada en las escuelas de administración, sobre la relación esfuerzo/beneficio (que en algunos casos es pertinente), me refiero a la importacia de querer hacer las cosas, de querer hacerlas bien, aunque a veces nos cueste, aunque a veces lo único que podemos recibir a cambio es hacer feliz al otro…

Por lo menos acá creo que me ha resultado bien (a pesar que es al final, más trabajo para mí) el dirigirlos para que cuando es el cumpleaños de alguien significativo, ellos mismos hagan un regalo. Así, creo, les voy enseñando la importancia de preocuparse por el otro, de trabajar por eso, y de tener la satisfacción de hacer cosas con las propias manos. Yo misma para los cumpleaños de mis niños me preocupo de hacerles un regalo hecho 100% por mí, además claro de algo que ellos quieren, como esta mochila de mono que les mostré hace un tiempo.

Me llena de orgullo cuando, al acercarse una fecha importante, ellos mismo empiezan a pedirme materiales, o ayuda en ciertas cosas, para poder hacer el regalo que están pensando… algún día serán padres, esposos, amigos, preocupados por los otros, sabrán la importancia de demostrar, a veces con detalles simples, cuanto queremos a los demás… y cuanto a veces nos esforzamos por hacer feliz al resto, por ayudar al resto.

También creo que sirve el mostrarles que hay cosas que a nosotros también nos cuesta, a mí particularmente las levantadas temprano y las trasnochadas, y cuando vemos que hay algo que a ellos también les cuesta, recalcarlo, en sentido positivo “Sé que te costó hacer solo tus tareas, pero lo hiciste muy bien” o a veces, “sé que no te gusta ordenar, pero gracias por hacerlo”. al decir recalcar me refiero no ha resaltar el hecho de que algo no les salga bien (denostar a los niños no conduce a nada más que a autoestimas bajas o autoconceptos débiles) si no que a resaltar el que, a pesar de esa dificultad, lo han hecho, se han esforzado. Esto les ayuda además a distinguir sus emociones. Doble enseñanza.

y tú, ¿crees que es importante resaltar, y educar, el esfuerzo?

Educar en las emociones IV: Autonomía

A veces no pensamos en lo importante que es la Autonomía en los niños. Otras veces, lo único que esperamos es que los niños sean capaces de hacer ciertas cosas solos. pero, ¿Nos preocupamos de enseñarles a ser autónomos?
Me he visto enfrentada en el último tiempo a situaciones donde se nos pide que los niños sean más autónomos (en mi caso en el colegio, en los cursos de dos de mis niños, los profesores nos piden a los padres que potenciemos la autonomía en nuestros hijos, lo que ha provocado la resistencia de muchos de los papas.
Pero, ¿no es un gran regalo que les podemos dar a nuestros hijos? La autonomía es el primer paso para el tema que nos convoca: el conocimiento de nuestras propias emociones y por lo tanto la autoregulación.

Sin entrar en profundidad en la forma en que a mí me criaron, puedo decir hoy con certeza, que una de las cosas que más agradezco a mis papas, y que creo me ayuda cotidianamente a salir adelante, es la autonomía. Que, ojo, para los que lo están pensando no es abandono ni desamor, muy por el contrario, estamos ayudandolos a desarrollarse, a crecer y claramente les estamos facilitando su vida hacia adelante.

¿Cómo se potencia la autonomía? pues bueno, teniendo claras dos cosas: cada niño es distinto y hay edades para cada cosa. Tampoco está de más pensar (esta frase la escuché alguna vez y me hizo mucho sentido) que toda ayuda innecesaria es dañina.

Así, cada niño a su edad tendrá la capacidad de demostrar y explorar que cosas puede hacer por sí mismo. Nuestra tarea es confiar en ellos y estar cerca para ayudarlos, pero en ningún caso es recomendable hacer por ellos cosas que son perfectamente capaces de hacer (al menos no siempre), el mensaje que les trasmitimos, y el daño que les hacemos, es hacerlos pensar que ellos no pueden, o peor aún, vamos educando niños con baja tolerancia a la frustración, o sin la capacidad de enfrentar problemas y salir adelante.

Ejemplos de actividades donde podemos dejar a los niños solos:
– Llamar a un amigo para invitarlo a jugar.
– Pedir algo en un restaurant (o a un vendedor en una tienda, supermercado, etc.)
– Si no trajo la tarea, dejarlo solucionar el problema, en algunos casos ofrecerle alternativas, pero NUNCA conseguirle las cosas (en esto, los whatsapp de mamás ayudan bien poco).
– Dejarlos vestirse solos (para “ayudarlos” yo les dejo a cada uno su ropa lista, y ellos sólo se visten solos, pero no tienen que pensar que ponerse…). A veces se demoran más, y está claro, el tiempo es oro, pero vale la pena levantarse unos minutos antes para que lo logren.
– Ordenar sus cosas, en la medida de lo posible, facilitarles esta tarea, poniendo por ejemplo canastos para que ellos dejen su ropa sucia al sacársela en la noche, o cajas de juguetes “en tránsito” es decir, juegos que continuarán al otro día entonces no tiene sentido guardarlos en su lugar.
– Darles encargos. Que sean cosas chicas, fáciles y rápidas. Al principio hay que recordarselos constantemente, pero ánimo, termina por funcionar!

¡Vamos a educar niños felices!… y adultos capaces…

¿Qué tiene que saber un niño de 4 años? seguir educando emociones…

Fuente: guiainfantil.com

Fuente: guiainfantil.com

Estaba el otro día leyendo un artículo y me llamó la atención una parte de él. Se contaba la historia de un grupo de mamás, en algún foro de internet, donde se discutía que es lo que debía saber un niño de 4 años. Muchas madres empezaron a postear largas listas de los logros de sus hijos, que incluían cosas impresionantes, como contar hasta 100, los nombres y orden de todos los planetas, leer, escribir… y un largo etcétera. Me acordé de todas las veces en que, por mi profesión, amigas o familiares me han preguntado que debería saber un niño a cierta edad, como para poder calificar su desarrollo de “normal”. Yo misma me he encontrado preocupándome por que uno de mis hijos no ha conseguido algún hito que se espera para su edad.

Dándole una vuelta, y en sintonía con lo que leía en el artículo, vi que también acá existía una oportunidad para educar emociones, esta vez principalmente las nuestras. ¿Qué debería saber un niño de 4 años? pues bien, debería saber reír, debería saber jugar, debería saber abrazar, saber que lo quieren y que siempre lo querrán, debería saber que tiene un lugar en el mundo y que él ahí es imprescindible, irremplazable. ¿Cómo se logra ésto? pues fácil!! con amor, con compañía, con contención en los momentos difíciles, con espacios, y acá un tema que da para una tesis de doctorado: con tiempo para aburrirse!, con abrazos, con risas, con momentos de juegos y con disciplina.

¿Y nosotros? ¿qué emociones deberíamos educarnos? pues bien, principalmente el manejo de la ansiedad, las ansias de éxito, las expectativas elevadas… Cada niño es distinto, cada niño tiene su ritmo, y si bien hay ciertos hitos que se esperan a distintas edades (y que por lo demás tienen rangos mucho más amplios que lo que uno piensa), deberíamos preocuparnos más si nuestros hijos no se ríen, no se enojan, no juegan, no se entretienen, no se aburren, no sabe que lo quieren… Mucho más que si no saben contar hasta cierto número.

Nuestra primera tarea como padres es querer a nuestros hijos. Sin condiciones. Sin excepciones. Y parte de quererlos es ayudarlos a conocerse, ayudarlos a controlarse, ayudarlos a ser responsables. Querer mucho no es lo mismo que consentir. Muchas veces nos confundimos. Querer mucho es todo lo contrario, es buscar lo mejor para el otro, y eso queridas, cuesta trabajo, sangre, sudor y lagrimas. Por eso, en vez de estar preocupados del éxito, de los hitos del desarrollo, preocupémonos del lado humano, de ser capaces de educar niños felices, niños de bien, niños llenos de virtudes, respetuosos, responsables, trabajadores…

¿Están de acuerdo o no? El camino fácil es llenarlos de actividades, y profesionales de apoyo, para que “sepan” muchas cosas. Eso no es del todo malo, pero hay otro camino que recorrer primero, y ese es el difícil, que es enseñarles lo que nadie nunca les enseñará en otra parte: a ser humanos.