Educar en las Emociones… Autodominio

autodominio
Cuando hablamos de educar en las emociones a lo que apuntamos es a que nuestro hijos sean capaces de reconocer (leer) sus propias emociones y las de los demás (conocido también como empatía). Para poder conocer las propias emociones es importante ayudarlos a desarrollar virtudes, es decir actitudes positivas, que por repetición se van transformando en hábitos.
Es importante desarrollar todas las virtudes (autodominio, trabajo, orden, responsabilidad, entre otras) pero la única manera de conseguirlas es logrando primero la que funciona como base de todo: el autodominio.
En la medida en que yo soy capaz de regular mis propias emociones, seré también capaz de ayudar a los demás en esta tarea. Ya nos iniciamos en este tema cuando hablamos de los mandalas (ver ACÁ) pero nunca está de más recordarlo. Somos los espejos en los que nuestros hijos se miran, si ven que nosotros, con esfuerzo y con mucho trabajo, podemos lograr regular nuestras emociones (levantarse temprano sin quejarse, aguantar las dificultades del día a día con alegría) también ellos reaccionarán así. Todos nos hemos visto alguna vez reflejados en las reacciones de nuestros hijos (generalmente las negativas son las que aprenden primero, no sé por qué! si alguien tiene una teoría, bienvenida sea ;)) entonces tenemos que estar atentos a como mostramos también nosotros lo que sentimos. Es la mejor forma de educarlos a ellos.
Y por supuesto reforzar también cuando ellos sean capaces de dominar sus emociones y reacciones (lo que no significa no demostrar sus sentimientos, todo lo contrario, es tener claro que es lo que están sintiendo de manera de poder encausarlo positivamente).

¡Seguimos con el desafío entonces!
¿Cómo lo hacen ustedes para trabajar este tema?

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Sentido de pertenencia: ¡Ojo que también se educa!

redsocial.rrhhmagazine.com

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El pertenecer es parte importante en la formación de la identidad, sin que siquiera podamos pensarlo, nuestro Yo se va construyendo directamente en la relación que vamos desarrollando con nuestro entorno.

Durante toda nuestra vida los seres humanos vamos buscando filiación. ¿Se han preguntado que es lo que se produce por ejemplo entre los fanáticos de un equipo de fútbol? o incluso, ahora que estamos cerca de la copa américa, entre los habitantes de un país que son capaces de unirse todos para apoyar a su selección… Pues bien, esa es la necesidad de pertenencia! todos la hemos sentido y vivido. Todos hemos crecido buscando grupos de pares, algunos con mayor éxito que otros, pero TODOS, sin excepción necesitamos relacionarnos con otros, otros que además identificamos como iguales.

Esto a propósito de una frase que escuché el otro día, en el colegio de mis hijos, sobre la importancia que los papás de los cursos nos conociéramos. Ciertamente es más práctico, en temas operativos, pero también me quedó dando vueltas lo que nos dijeron “ellos también están educando a sus hijos”. Y que cierto es!! en esta búsqueda de sentido de pertenencia no hay influencia más grande que los pares, esto se intensifica en la adolescencia, pero es real en todos los momentos del desarrollo de nuestros hijos. No podemos elegir a sus amigos, claramente ellos irán relacionándose con los que vayan percibiendo como sus iguales, pero si podemos ayudarlos, guiarlos, acompañarlos, en el proceso de construcción de su identidad, y a entender que es natural el querer estar inmersos dentro de un grupo.

La familia es el primer grupo al que pertenecemos. Al que queremos pertenecer, que nos ayuda a construir la identidad en nuestros primeros años de vida. Obviamente la familia siempre debería ser el primer grupo. Con el paso de los años van entrando otros grupos, pero la familia no debería perder protagonismo, sólo compartir espacios. Si vamos enseñando a nuestros hijos sobe la importancia de los otros, y el cuidado que hay que tener con las influencias, los estamos ayudando a enfrentar la vida. Las ganas de pertenecer nos van a seguir para siempre.

Educar en las emociones V: Esfuerzo

regalo

Regalo de uno de mis niños para el primer cumpleaños de mi hijo menor

Ahora que leo el título de esta entrada me parece hasta divertido, pero es verdad. Es necesario educar a nuestros hijos en la importancia del esfuerzo, del trabajo. Más allá de la ecuación, tan estudiada en las escuelas de administración, sobre la relación esfuerzo/beneficio (que en algunos casos es pertinente), me refiero a la importacia de querer hacer las cosas, de querer hacerlas bien, aunque a veces nos cueste, aunque a veces lo único que podemos recibir a cambio es hacer feliz al otro…

Por lo menos acá creo que me ha resultado bien (a pesar que es al final, más trabajo para mí) el dirigirlos para que cuando es el cumpleaños de alguien significativo, ellos mismos hagan un regalo. Así, creo, les voy enseñando la importancia de preocuparse por el otro, de trabajar por eso, y de tener la satisfacción de hacer cosas con las propias manos. Yo misma para los cumpleaños de mis niños me preocupo de hacerles un regalo hecho 100% por mí, además claro de algo que ellos quieren, como esta mochila de mono que les mostré hace un tiempo.

Me llena de orgullo cuando, al acercarse una fecha importante, ellos mismo empiezan a pedirme materiales, o ayuda en ciertas cosas, para poder hacer el regalo que están pensando… algún día serán padres, esposos, amigos, preocupados por los otros, sabrán la importancia de demostrar, a veces con detalles simples, cuanto queremos a los demás… y cuanto a veces nos esforzamos por hacer feliz al resto, por ayudar al resto.

También creo que sirve el mostrarles que hay cosas que a nosotros también nos cuesta, a mí particularmente las levantadas temprano y las trasnochadas, y cuando vemos que hay algo que a ellos también les cuesta, recalcarlo, en sentido positivo “Sé que te costó hacer solo tus tareas, pero lo hiciste muy bien” o a veces, “sé que no te gusta ordenar, pero gracias por hacerlo”. al decir recalcar me refiero no ha resaltar el hecho de que algo no les salga bien (denostar a los niños no conduce a nada más que a autoestimas bajas o autoconceptos débiles) si no que a resaltar el que, a pesar de esa dificultad, lo han hecho, se han esforzado. Esto les ayuda además a distinguir sus emociones. Doble enseñanza.

y tú, ¿crees que es importante resaltar, y educar, el esfuerzo?

Educar en las emociones IV: Autonomía

A veces no pensamos en lo importante que es la Autonomía en los niños. Otras veces, lo único que esperamos es que los niños sean capaces de hacer ciertas cosas solos. pero, ¿Nos preocupamos de enseñarles a ser autónomos?
Me he visto enfrentada en el último tiempo a situaciones donde se nos pide que los niños sean más autónomos (en mi caso en el colegio, en los cursos de dos de mis niños, los profesores nos piden a los padres que potenciemos la autonomía en nuestros hijos, lo que ha provocado la resistencia de muchos de los papas.
Pero, ¿no es un gran regalo que les podemos dar a nuestros hijos? La autonomía es el primer paso para el tema que nos convoca: el conocimiento de nuestras propias emociones y por lo tanto la autoregulación.

Sin entrar en profundidad en la forma en que a mí me criaron, puedo decir hoy con certeza, que una de las cosas que más agradezco a mis papas, y que creo me ayuda cotidianamente a salir adelante, es la autonomía. Que, ojo, para los que lo están pensando no es abandono ni desamor, muy por el contrario, estamos ayudandolos a desarrollarse, a crecer y claramente les estamos facilitando su vida hacia adelante.

¿Cómo se potencia la autonomía? pues bueno, teniendo claras dos cosas: cada niño es distinto y hay edades para cada cosa. Tampoco está de más pensar (esta frase la escuché alguna vez y me hizo mucho sentido) que toda ayuda innecesaria es dañina.

Así, cada niño a su edad tendrá la capacidad de demostrar y explorar que cosas puede hacer por sí mismo. Nuestra tarea es confiar en ellos y estar cerca para ayudarlos, pero en ningún caso es recomendable hacer por ellos cosas que son perfectamente capaces de hacer (al menos no siempre), el mensaje que les trasmitimos, y el daño que les hacemos, es hacerlos pensar que ellos no pueden, o peor aún, vamos educando niños con baja tolerancia a la frustración, o sin la capacidad de enfrentar problemas y salir adelante.

Ejemplos de actividades donde podemos dejar a los niños solos:
– Llamar a un amigo para invitarlo a jugar.
– Pedir algo en un restaurant (o a un vendedor en una tienda, supermercado, etc.)
– Si no trajo la tarea, dejarlo solucionar el problema, en algunos casos ofrecerle alternativas, pero NUNCA conseguirle las cosas (en esto, los whatsapp de mamás ayudan bien poco).
– Dejarlos vestirse solos (para “ayudarlos” yo les dejo a cada uno su ropa lista, y ellos sólo se visten solos, pero no tienen que pensar que ponerse…). A veces se demoran más, y está claro, el tiempo es oro, pero vale la pena levantarse unos minutos antes para que lo logren.
– Ordenar sus cosas, en la medida de lo posible, facilitarles esta tarea, poniendo por ejemplo canastos para que ellos dejen su ropa sucia al sacársela en la noche, o cajas de juguetes “en tránsito” es decir, juegos que continuarán al otro día entonces no tiene sentido guardarlos en su lugar.
– Darles encargos. Que sean cosas chicas, fáciles y rápidas. Al principio hay que recordarselos constantemente, pero ánimo, termina por funcionar!

¡Vamos a educar niños felices!… y adultos capaces…

¿Qué tiene que saber un niño de 4 años? seguir educando emociones…

Fuente: guiainfantil.com

Fuente: guiainfantil.com

Estaba el otro día leyendo un artículo y me llamó la atención una parte de él. Se contaba la historia de un grupo de mamás, en algún foro de internet, donde se discutía que es lo que debía saber un niño de 4 años. Muchas madres empezaron a postear largas listas de los logros de sus hijos, que incluían cosas impresionantes, como contar hasta 100, los nombres y orden de todos los planetas, leer, escribir… y un largo etcétera. Me acordé de todas las veces en que, por mi profesión, amigas o familiares me han preguntado que debería saber un niño a cierta edad, como para poder calificar su desarrollo de “normal”. Yo misma me he encontrado preocupándome por que uno de mis hijos no ha conseguido algún hito que se espera para su edad.

Dándole una vuelta, y en sintonía con lo que leía en el artículo, vi que también acá existía una oportunidad para educar emociones, esta vez principalmente las nuestras. ¿Qué debería saber un niño de 4 años? pues bien, debería saber reír, debería saber jugar, debería saber abrazar, saber que lo quieren y que siempre lo querrán, debería saber que tiene un lugar en el mundo y que él ahí es imprescindible, irremplazable. ¿Cómo se logra ésto? pues fácil!! con amor, con compañía, con contención en los momentos difíciles, con espacios, y acá un tema que da para una tesis de doctorado: con tiempo para aburrirse!, con abrazos, con risas, con momentos de juegos y con disciplina.

¿Y nosotros? ¿qué emociones deberíamos educarnos? pues bien, principalmente el manejo de la ansiedad, las ansias de éxito, las expectativas elevadas… Cada niño es distinto, cada niño tiene su ritmo, y si bien hay ciertos hitos que se esperan a distintas edades (y que por lo demás tienen rangos mucho más amplios que lo que uno piensa), deberíamos preocuparnos más si nuestros hijos no se ríen, no se enojan, no juegan, no se entretienen, no se aburren, no sabe que lo quieren… Mucho más que si no saben contar hasta cierto número.

Nuestra primera tarea como padres es querer a nuestros hijos. Sin condiciones. Sin excepciones. Y parte de quererlos es ayudarlos a conocerse, ayudarlos a controlarse, ayudarlos a ser responsables. Querer mucho no es lo mismo que consentir. Muchas veces nos confundimos. Querer mucho es todo lo contrario, es buscar lo mejor para el otro, y eso queridas, cuesta trabajo, sangre, sudor y lagrimas. Por eso, en vez de estar preocupados del éxito, de los hitos del desarrollo, preocupémonos del lado humano, de ser capaces de educar niños felices, niños de bien, niños llenos de virtudes, respetuosos, responsables, trabajadores…

¿Están de acuerdo o no? El camino fácil es llenarlos de actividades, y profesionales de apoyo, para que “sepan” muchas cosas. Eso no es del todo malo, pero hay otro camino que recorrer primero, y ese es el difícil, que es enseñarles lo que nadie nunca les enseñará en otra parte: a ser humanos.

Educar en las Emociones III: Atención

hermanitos

Ya hemos hablado de los celos (y hablamos harto). Son difíciles de manejar principalmente por su naturaleza irracional. Al final los niños cuando sienten celos, lo que sienten es que la atención hacia ellos ha disminuido. Madres del mundo, no sientan culpa. Claramente a medida que uno va teniendo más hijos, la CANTIDAD de tiempo que puede dedicar a cada uno va disminuyendo. Todavía me acuerdo de cuando mi hijo mayor empezó a estar cerca de dar sus primeros pasos. Todo el día, literalmente, TODO el día, yo andaba medio doblada, dándole las manitos para que el pudiera caminar como quería. Fue tanto que nunca aprendió a gatear. Es más, creo que nunca tocó el suelo con sus manos…
En fin, a lo que voy es a que los niños necesitan atención. No atención flotante (como la que podemos prestarle a las noticias mientras revisamos algo en el celular), si no que necesitan todos nuestros sentidos a su disposición. Eso nos piden, eso es lo que demandan cuando se ponen celosos de sus hermanos más chicos (que por su fragilidad claramente necesitan nuestra atención total). Me está pasando ahora. A pesar que cuando nació mi quinto hijo, la anterior (mi única hija) no sintió celos para nada (la verdad, tenía 1 año 7 meses, creo que no tiene recuerdos de lo que era su vida sin esta guagua), ahora (que él está cerca de cumplir 1 año, y por lo tanto, quiere caminar y moverse todo el día) yo noto que ella está buscando más atención. Me pide más que hagamos cosas juntas, quiere, a pesar de haber sido muy independiente para jugar, que esté sentada al lado de ella mientras juega, ir conmigo a todas partes… incluso me ha pasado que mientras estoy con el más chico, dejando que se quede parado solito un par de segundos, que ella me muestra como también puede pararse sola (a pesar que camina hace muuuucho rato).
¿Qué hacer entonces? claramente hay algo de celos, es normal, parte de la vida (todos hemos sentido celos alguna vez ¿no?), si bien son leves, y hasta el momento no ha tenido grandes cambios de conducta, es una buena oportunidad para ayudarla a conocer lo que está sintiendo. Hice una pequeña revisión y me quedo con estos tips (ya les contaré si me funcionan):

– Prestar atención sin exagerar: buscar alguna actividad que podamos compartir juntas, en la que podamos conversar y estar solas las dos, en su justa medida. Está bien darles algunos espacios especiales cuando se están sintiendo desplazados, pero tampoco es bueno exagerar, recordar que cuando los niños son chicos vamos moldeando su conducta también con las nuestras.

– Buscar actividades que lo involucren con su hermano (a) menor, o con el que esté sintiendo celos: Siempre hay algo que podamos hacer todos juntos, algo donde puedan pasarlo bien y vivencien la experiencia de que compartir puede ser gratificante, o sea, es rico estar solo con la mamá (o persona que lo cuida con mayor frecuencia) pero también lo paso bien cuando hay alguien más.

– No ridiculizar: si cualquiera lo lee creerá que nunca lo hace, pero la verdad es que muchas veces sin darnos cuenta los estamos haciendo sentir ridiculos. Por ejemplo, en el caso de mi hija, cuando me muestra que puede pararse sola, yo la miro, le digo que muy bien, que claro, que ella le está enseñando eso a su hermano, que es lo primero que tiene que lograr él para que después ella le pueda enseñar a caminar. En cambio, uno podría caer en la tentación (y creanme que me pasa) de decirle, ay, tu eres grande ya caminas… ¿Me explico? Sin desvalorizar al niño, pero tampoco sobre valorizar la conducta (lo que también sería ridiculizar), como contestar, oooh muy bien, excelente, que bien te paras solita (si en el fondo ella sabe que puede, solo nos está probando).

– Y muy importante: paciencia!! nunca olvidar que están pasando un momento difícil, que saldrán de él (todos hemos sobrevivido a los hermanos ;)) y que tenemos que acompañarlos en esta etapa, estando más atentos a lo que les pasa, pero sin caer en ser excesivamente permisivos para que no “sufran”. Eso sólo les traerá más dolor a largo plazo.

¿No más no? ¿Cuál es el camino?

no

Como mamá me ha tocado “luchar” cada día con mis hijos para lograr que se porten bien. Son pequeñas peleas, vístete, párate (o sientáte, dependiendo de la situación), lávate los dientes, come, no pelees, no grites, no molestes, no saltes en los sillones, no te subas a la mesa, no corras como loco entre la gente!!!….

Mi día a día está lleno de NO. Todavía no decido que es lo que me cansa más, si la sensación de estar metida en una especie de “guerra” tratando de lograr que mis niños puedan desenvolverse de manera más o menos apropiada entre la civilización, o si es escuchar a mis propios hijos decirse que NO a todo entre ellos. Creo que el día en que vi a mi hijo mayor gritándole al segundo, repitiendo exactamente mis mismas palabras fue el día en que decidí hacer un cambio. Fue como verse en el espejo, pero con audio y realidad aumentada… ¿quiero que mis hijos sean así? ¿Quiero que se enfrenten así al mundo?, ¿qué intenten a través de la negación superarlas dificultades?. Claro que no! Quiero todo lo contrario. Quiero, me imagino que como cualquier mamá, que mis niños sean felices, creativos, capaces de superar obstáculos, perseverantes, con tolerancia a la frustración, y santos!. Uf! Muchas cosas, la mayoría de ellas ni yo las cumplo hoy, que soy adulta… el problema está en salir del círculo vicioso… ¿Cómo lo rompo? ¿cómo logro que respeten ciertas reglas?. Ya he leído libros. He visto miles de veces programas de niños problemáticos. He puesto en práctica las técnicas, pero ninguna parece perdurar en el tiempo.

Creo que por décima vez mis niños están juntando caras felices para lograr un premio (que a esta altura ya es elegir una actividad para hacer en la casa), pero me pasa que una vez que logran el “premio” es como volver al punto de partida. Sin recompensa, no hay acción. ¿Qué pensaría Pavlov? Él logró que sus perros salivaran sólo con escuchar una campana, yo no logro ir al supermercado sin terminar pareciendo loca.

Está claro que el entorno hoy no nos ayuda con este tema. Existe la televisión 24/7. Cuando yo era chica los dibujos animados tenían un horario. Restringido, limitado. No había otra alternativa. Hoy sí, y eso no ayuda. Tampoco el ambiente social, cada vez que salgo me doy cuenta de cuantas mamás van “batallando” con sus hijos, y veo también como las mira la gente, y bueno, como me miran a mí también cuando ando con los míos, y en sus caras no veo más que rechazo, ¡Cómo no logras controlar a tus hijos! Parecen querer decir, sin hablar de los que derechamente te dicen lo que deberías hacer para evitar que tu hijo de 3 años bote todas, sí, todas, las máquinas de afeitar expuestas en la caja del supermercado. Así como los motoqueros son una gran familia, los hinchas de un equipo de defienden entre ellos y se abrazan cuando tienen que celebrar algo de éste, las mamás deberíamos ser una trinchera, un único bloque, que mire con reproche al niño que decidió no caminar más por que no le compraron el helado que quería, no a la mamá que, seguramente contando hasta 1.000, lo arrastra con la cara sin ningún rastro de risa. Ese sería el primer paso. Mamás unidas, nunca serán vencidas.

¿Qué caminos hay? Lo he hablado con varias mujeres, mamás, con niños chicos, en una situación similar a la mía. En términos generales hay tres caminos. Uno es dedicarse a los niños, ese es el camino que por mi de-formación profesional (soy psicóloga) he elegido tomar. La segunda opción es buscar un trabajo part time; compatibilizar horarios con jardín, papas, etc., y estar medio día fuera de la casa, apoyándose en alguna institución educativa u otra persona. Y la tercera opción, trabajar el día completo y contar con ayuda por más horas. Entiendo, y esto es para adelantarme a los comentarios, que no para todos son opciones, hay algunos que DEBEN elegir uno de estos caminos, que no hay una elección, pero reconozcamos que esas son las tres posibilidades que tenemos las madres, cada una toma su opción, por la razón que fuere, y la idea acá no es discutir sobre cual es la mejor, la idea es ayudarnos en esta difícil tarea.

PRIMER PASO: MADRES UNIDAS

Hoy día el contacto directo con los pares está subvalorizado. Tenemos teléfono, celular, mail, watsapp, fb, twitter, etc., pero ¿cuándo fue la última vez que hablamos largo, tranquilas, con una amiga? ¿cuándo fue la última vez que le confiamos a alguien que ya no damos más?. Es importante mantener redes de apoyo. Especialmente de personas que estén en momentos de la vida similares a los nuestros. Personas que nos puedan entender, sin juzgar, para sentir culpa ya nos tenemos a nosotras mismas. Este es el nuevo desafío de esta semana. Simple: hablar con una amiga, sentir que no estamos solas, todas las mamás, independiente del país en el que viven, de su condición social, están luchando por educar a sus hijos, por hacer lo mejor posible, por compatibilizar…

Lo haremos igual que los adictos, un paso a la vez, ¿están dispuestas a dar el primer paso? Trabajemos juntas para lograr ser mejores, como decía Melanie Klein (una reconocida psicoterapeuta) debemos aspirar a ser madres suficientemente buenas, la perfección queridas, está fuera de nuestro alcance.
¿Alguna otra idea? Cuéntanos!